La necesaria vinculación de la farmacovigilancia y la farmacoeconomía en México

A partir de hace más de 3 décadas el país ha presentado un crecimiento importante en cuanto a la esperanza de vida se refiere. En este sentido, de acuerdo a datos del Banco Mundial, para 2010 la esperanza de vida en el país era de 76.68 años, cifra únicamente inferior, en Latinoamérica, a la observada por Costa Rica (79.19 años):

En este mismo orden de ideas, es importante analizar si dicho crecimiento en la esperanza de vida tal como se observa en la gráfica anterior, es importante o no, para lo cual se obtuvo la tasa de crecimiento media anual (TCMA) de dicha variable durante el período 1975-2010. Así pues, la TCMA para México se ubica en 0.52%. Dicha cifra al compararse con la observada por algunos países de Latinoamérica y miembros de la OCDE, resulta ser de las más importantes:

Lo anterior, a través del tiempo origina que los grupos de edad, en un inicio, se vayan engrosando, para después observar que los últimos grupos vayan acumulando la mayor cantidad de gente, es decir, la pirámide poblacional se invierta:

Lo anterior, resulta de suma relevancia porque de acuerdo a diversos estudios conforme la persona es mayor, ésta tiende a presentar enfermedades crónico-degenerativas y por ende, a requerir mayor atención médica y un consumo de medicamentos importante. Así pues, con datos de la Organización Mundial del Comercio, se observa que el país es un importador neto de medicamentos, lo cual cobra relevancia ya que como se señaló anteriormente, y de acuerdo al Consejo Nacional de Población (CONAPO), la pirámide poblacional se está invirtiendo.

A partir de los datos de la gráfica pasada, se construye un índice comercial, el cual en caso de tener signo positivo significará que el México es un país exportador neto, en caso de tener signo negativo, querrá decir que es un importador neto.

Bajo este tenor, se observa necesario la realización y ejecución de políticas públicas de manera prospectiva, para así contener futuras externalidades en materia de salud. Para ello, es necesario establecer un vínculo entre la farmacovigilancia y la farmacoeconomía. La primera, como se mencionó anteriormente, se encarga de observar los efectos, tanto benéficos como nocivos, que produce un medicamento, proporcionando un instrumento de conocimiento para su uso seguro y racional, una vez que un medicamento es puesto a la venta.

Derivado de lo anterior, es importante el vincular la herramienta que registra las reacciones adversas a medicamentos (ADR), la cual es la farmacovigilancia, con la herramienta que mide el impacto socioeconómica de éstas (farmacoeconomía), para así poder generar las políticas públicas necesarias en materia de salud de manera prospectiva.

Dicho vinculación es de suma relevancia ya que es a través de ésta, que se podrán monetizar y presupuestar las futuras ADR dentro del Sistema Nacional de Salud (SNS), sobretodo en el sector público, así como generar ahorros importantes.

Hoy en día, ninguna institución pública de salud cuenta con centro alguno de farmacoeconomía, lo cual resulta imprescindible ya que si bien la farmacovigilancia se realiza en el país, faltaba todavía dotarla de la herramienta económica para monetizar el gasto adicional que se derivan de las ADR. Sólo así, se podrán realizar políticas públicas en materia de salud con suficiente sustento, las cuales no sólo traerán ahorros importantes, sino preverán los futuros problemas en materia de salud una vez que la pirámide poblacional se haya invertido en su totalidad.

Finalmente, para resaltar la importancia de dicha vinculación se pone el siguiente ejemplo, de acuerdo a los estudios anteriormente mencionados, en Estados Unidos las ADR representan gastos adicionales, cada año, de entre 30 y 130 billones de dólares, así como representar la cuarta causa de muerte hospitalaria en el país.

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