Es la economía, estúpido (II)

En la pasada entrada, comentábamos lo polémico que puede ser el hablar de economía. Sobre todo, cuando se parte que todo dato tiene su claro oscuro, y que al final, de manera un tanto irónica, la respuesta a dichas disyuntivas están en la economía misma.

Entrados ya en el tema, un dato por demás preocupante es el relacionado con la informalidad. Para ello, el INEGI tiene dos formas de medirla:

  • Tasa de Ocupación en el Sector Informal 1: representa a la población ocupada que trabaja para una unidad económica que opera a partir de los recursos del hogar, pero sin constituirse como empresa, de modo que la actividad no tiene una situación identificable e independiente de ese hogar.
  • Tasa de Informalidad Laboral 1: se le conoce como la medición ampliada de informalidad. A diferencia de la primera, ésta medición añade a la definición de trabajo informal las siguientes categorías: el trabajo no protegido en la actividad agropecuaria, el servicio doméstico remunerado de los hogares, así como los trabajadores subordinados que, aunque trabajan para unidades económicas formales, lo hacen bajo modalidades en las que se elude el registro ante la seguridad social.

En cualquiera de las mencionadas mediciones, los datos dejen ver que el país, creciendo o no, lo está haciendo de una manera que en el largo plazo pudiera presentar fuertes problemas para las finanzas públicas.

Lo anterior, porque con la tasa de ocupación en el sector informal 1 se tienen más de 13 millones de personas y con la segunda tasa el cálculo realizado me da más de 28.7 millones de personas en la informalidad. Dichos datos, son una amenaza muy importante para cualquier sistema de seguridad social, mayor aun para el nuestro, cuyo sistema de seguridad social y el de salud se encuentran fragmentados. Desde mi punto de vista, la segunda tasa es una forma más completa ya que abarca un espectro de análisis más amplio. Es por ello, que considero prudente mostrar la siguiente gráfica, en términos absolutos:

Tal como se puede apreciar, una tercera parte de la población ocupada pertenece a la formalidad, mientras el resto a la informalidad. Lo anterior, es importante ya que tal como se muestra a continuación, con la crisis financiera los cambios porcentuales de población ocupada en la informalidad fueron muy importantes, observándose los decrementos en la economía formal:

Al final del día, el dato contundente es el siguiente: casi 20.6 millones de mexicanos pertenecen a la economía formal, por ende, realizan su respectivo pago de impuestos, los cuales son una aportación importante para la elaboración del presupuesto federal, es decir, 20.6 millones de personas cargan con el peso (en sentido figurado, claro está) de 28.7 millones de personas en la informalidad, y los restantes 67 millones que conforman nuestro país.

Así pues, cuando uno observa la existencia de políticas públicas como el Seguro Popular (que fomenta la informalidad, ya sea de manera directa o indirecta, depende de cómo se desee ver), y donde diversos programas gubernamentales son regresivos, la frase acuñada por un James Carville cobra sentido.

En efecto, “es la economía, estúpido”, de manera específica es la economía nacional y sus actores políticos y la sociedad en su conjunto. La primera, carente de un modelo económico tropicalizado como lo sugiere Jacques Rogozinski en su libro “Mitos y mentadas de la economía mexicana”, con fundamentales sólidos (nivel macro) pero desprovista de políticas públicas congruentes (nivel micro) y de una rendición y transparencia de cuentas total; los segundos, mostrando una falta de compromiso, dadas las condiciones actuales, al momento de tomar las decisiones trascendentales para el país, más allá de si éstas son o no populares, cortos de visión y amplios de aspiración; y finalmente, la sociedad (nosotros) que esperamos que el gobierno nos resuelva todo, pero que callamos, por mencionar un ejemplo, al ver la evasión fiscal de gente cercana a nosotros, y creemos que con señalar los errores del gobierno ya cumplimos con nuestro deber ciudadano.

Al final, es y seguirá siendo la economía… misma de la que usted y yo formamos parte, la cual no cambiará hasta que cada actor sea congruente y exija al resto de los participantes el mismo nivel de compromiso que está dando.

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