Antes de pensar en un Sistema Universal de Salud (I)

La administración federal actual ha logrado mucho en escasos 21 meses de gestión. El país ha redireccionado su rumbo y de la mano del denominado Pacto por México, se logró lo impensable: el acuerdo entre las principales tres fuerzas políticas del país.

Derivado de lo anterior, se pudieron concretar las siguientes reformas:

  • Energética
  • Telecomunicaciones
  • Competencia Económica
  • Financiera
  • Fiscal
  • Educativa
  • Laboral
  • Código Nacional de Procedimientos Penales
  • Ley de Amparo
  • Político-Electoral
  • Transparencia

Ahora, lo que sigue, como lo ha dicho el ejecutivo federal: ejecución y seguimiento. Lo anterior, no es poca cosa, ya que dependerá de estas dos acciones el éxito o fracaso de lo ya logrado. Sería una pena que en su implementación se distorsionen los objetivos de origen.

Asimismo, se ha mencionado que se continuará con proyectos ambiciosos en materia de infraestructura (como lo es el nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad México, los 43.5 km de ampliación del metro y los diferentes trenes que conectaran a ciudades importantes), así como también la construcción de una reforma para el campo mexicano, y una referente a la creación de un Sistema Nacional Anti-Corrupción.

Sin embargo, también se tiene contemplado la cimentación de lo que será un Sistema Universal de Salud (SUS). Esto es, sin duda tan ambicioso o más que lo ya logrado, por lo que me permito señalar algunas cosas al respecto.

Como es sabido, el sistema actual está fragmentado, lo que origina que existan casos de duplicación de afiliaciones entre la seguridad social y el Seguro Popular y diversas ineficiencias en la asignación de recursos, tanto humanos como de infraestructura, por ejemplo.

Aunado a lo anterior, cada institución pública oferta una diferente gama de servicios de atención médica, por lo que la homogenización y/o absorción de una institución a otra representa, por sí mismo, un reto mayúsculo.

Por si fuera poco, el origen de cada institución es diferente: las instituciones de seguridad social benefician a aquellas personas que se encuentran dentro de la economía formal, donde una fracción es aportado por parte del empleador, una por parte del trabajador y otra por la institución; mientras que el Seguro Popular atiende a personas que, generalmente, se encuentran en la informalidad. Lo anterior, lleva a una hipótesis de que dicho sistema sería financiado por impuestos generales, como pudiera ser el Impuesto al Valor Agregado (IVA).

Al respecto, es importante decir que los impuestos generales por origen son regresivos, ya que afectan de la misma manera a una persona cuyo ingreso le sitúa en el decil 10, como a una de decil 1. Asimismo, lo que se recauda hoy en día de IVA no es suficiente para implementar el SUS, por lo que se tendría que valorar un aumento al 18%, así como eliminar algunos conceptos de tasa cero y exenciones fiscales.

Finalmente, es innegable que se parte de un Sistema Nacional de Salud (SNS) actualmente superado por la demanda en atención médica, y al cual inclusive aunque no emigrara a uno universal, se le tiene que invertir una cantidad importante de recursos para cubrir sus necesidades en infraestructura y recursos humanos.

A continuación, tomando como base el PEF 2014, se muestra la distribución de los recursos asignados por institución y por función:

En la siguiente entrada profundizaré sobre el tema.

Comments

Es necesario un sistema de salud que no discrimine.

Muestra clara que se tiene un gobierno obeso y que estamos manteniendo burócratas

Qué triste es ver que el IMSS gaste más en prestaciones económicas y sociales que en su función de origen: prestar servicios de salud

Sumamente interesante esta entrada. En la segunda ya llegas a un monto aproximado de lo que se requiere?

Yo también tengo dudas al respecto, sobretodo en cuanto a las finanzas de las instituciones de seguridad social

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