Más dinero y mismos pobres

Tal como se sabe, hace dos semanas el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social [CONEVAL], publicó los resultados de la medición de pobreza para el año 2014. Es importante comentar que dicha medición se establece en el artículo 36, de la Ley General de Desarrollo Social, y establece diferentes variables para que ésta pueda evaluarse a nivel multidimensional:

  • Ingreso
  • Rezago Educativo
  • Acceso a servicios de salud
  • Acceso a seguridad social
  • Acceso a alimentación
  • Calidad y espacios de vivienda
  • Acceso a servicios básicos de vivienda

Así pues, se determina a la población en pobreza a aquella que tenga al menos una carencia social y un ingreso menor al valor a la línea de bienestar.

Por otra parte, la población en pobreza extrema es aquella que tiene 3 o más carencias sociales, así como un ingreso menor al valor a la línea de bienestar.

Los resultados muestran que el problema de la pobreza presenta prácticamente un estancamiento a lo largo del tiempo:

De la gráfica anterior, se desprende que visto el problema en términos absolutos, en 2010 el país presentaba 52.8 millones de pobres; en 2012, 53.3 millones y finalmente, en 2014 hay 55.3 millones.

En el caso de la pobreza extrema, ésta sí presenta una disminución a lo largo del tiempo:

Así pues, la población en pobreza extrema pasó de los 12.9 millones en 2010 a los 11.4 millones en 2014.

Si se desglosa el comportamiento por carencia, a nivel porcentaje, se puede observar lo siguiente:

El CONEVAL indica que las transferencias gubernamentales presentan un impacto positivo en la disminución o contención de la pobreza, pero que éste resulta insuficiente. Ante ello, es importante analizar la siguiente gráfica:

Dicha gráfica muestra que a partir de 2006 la población cada vez presente mayores problemas para acceder a la canasta básica alimentaria, es decir, su ingreso no está cubriendo las necesidades básicas y por ello, pudiera ser, que las transferencias gubernamentales no están disminuyendo la pobreza en la cantidad esperada.

Ello, no quiere decir que se deban subir los salarios de manera artificial, es decir, por decreto. En México, ya se vivieron esas experiencias durante los años setenta y ochenta, y los resultados fueron poco favorables. Para muestra de lo anterior, simplemente hay que ver al vecino país del sur, Venezuela, donde el gobierno a través de decretos presidenciales incrementa el salario mínimo y la inflación se dispara a niveles exponenciales.

La actual administración debe de hacer un diagnóstico profundo y autocrítico para medir el impacto de cada uno de sus programas, se debe saber que gastar más no significa gastar mejor, es necesaria una focalización en el gasto gubernamental.

El objetivo de toda política pública debe ser apoyar a la sociedad que presenta diversos rezagos a salir de éstos, no a generar incentivos para eternizarse en ellos.

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