Jorge Bela

 
La división de la ciudad en estratos: redistribuir sin segregar

Jorge Bela, Gestor Comunitario de Bogotá

 

La concesión de subsidios a las poblaciones más desfavorecidas, sobre todo en el ámbito de los servicios públicos, es un mecanismo ampliamente utilizado en América latina para combatir la fuerte desigualdad social. En Colombia se ha utilizado un mecanismo singular: la división de las ciudades en estratos. Esta idea, que se empezó a considerar en los años 80, se comenzó a aplicar en las grandes ciudades a partir de la aprobación en 1994 de la ley de Servicios Públicos. Aunque el marco legal es estatal, las ciudades tienen un amplio margen a la hora de escoger los criterios concretos para determinar la estratificación dentro de sus perímetros urbanos. Bogotá se dividió en 6 estratos, el máximo permitido por la ley. El estrato 6 refleja un mayor poder adquisitivo, y el 1 el menor poder adquisitivo de la ciudad. Los residentes de los estratos 5 y 6 pagan una sobretasa en los servicios públicos, que se utiliza para subsidiar, de forma decreciente, los costes de los servicios para los residentes en estratos 1 a 3. En el estrato 4 los residentes pagan el precio real de los servicios. También se aplica una sobretasa si se supera un volumen máximo establecido.

Es muy importante recalcar que en la metodología utilizada para determinar los estratos no se tienen en cuenta los ingresos de los ciudadanos, sino una serie de características propias de los edificios en los que residen, observados al nivel de las manzanas en las que se ubican. Mediante un cuestionario se obtienen los datos referentes a las características físicas exteriores de la manzana y el nivel de desarrollo del entorno. Todos los datos se procesan utilizando un modelo estadístico, obteniéndose de esta forma el estrato correspondiente a cada vivienda. Los edificios comerciales o industriales no forman parte del sistema, y no reciben calificación.

El sistema de estratificación ofrece algunas ventajas claras: esquiva los problemas derivados de la alta fluctuación de los ingresos, especialmente marcada entre las poblaciones con menor poder adquisitivo. También es inmune al alto grado de fraude en la declaración de ingresos, muy frecuente entre las poblaciones con mayores recursos. Al utilizarse en conjunción con un tope máximo de consumo subsidiado, evita de forma efectiva los abusos. En este sentido el programa se considera un éxito, y ha permitido el acceso a los servicios públicos a amplios sectores de la población que de otra forma no los hubieran podido pagar.

Sin embargo, la estratificación tiene asociado el riesgo de la segregación de la población. El concepto de estrato ha sido asumido por parte de la población, y se suma al de barrio o clase social para calificar, y en algunos casos estigmatizar, a ciertos sectores de la población. También puede tener un impacto significativo en la movilidad geográfica dentro de la ciudad, ya que los residentes de los estratos subsidiados pueden ser renuentes a mudarse a estratos más altos debido a los elevados costos que la mudanza supone. Esto puede tener la consecuencia de alejar a un número importante de ciudadanos de sus lugares de trabajo, con la consiguiente sobrecarga en el transporte público, muy deficitario en Bogotá. Una vez más se comprueba como políticas públicas bien encaminadas tienen consecuencias imprevistas.

Foto: Secretaría de Planeación, Bogotá