Jorge Bela

 
La Educación financiera: un prerrequisito indispensable para el acceso al crédito

Jorge Bela, Gestor Comunitario de Bogotá

Las micro finanzas han supuesto la apertura de una vía de financiación para un sector de la población sin acceso al sistema bancario tradicional. Aunque sus tasas de interés son más elevadas que las que ofrecen los bancos comerciales, son mucho más ventajosas que las que ofrece el "gota a gota," única vía de acceso al crédito que han tenido hasta tiempos relativamente recientes.

Aunque los microcréditos fueron en un principio canalizados principalmente a través de ONGs, con cada vez mayor frecuencia son ofrecidos por bancos, tanto especializados en este sector como incluso, recientemente, por bancos tradicionales. En ocasiones ONGs se han convertido con el tiempo en bancos de microcrédito. Tal es el caso de Bancamía, una entidad fundada en 2007 por dos ONGs que tenían más de 20 años de experiencia en la gestión de microcréditos, las Corporaciones Mundiales de la Mujer de Medellín y de Colombia, en asociación con la Fundación Microfinanzas BBVA.

El crecimiento del sector en Colombia ha sido muy acelerado, duplicándose la cartera desde el año 2012 al 2013. Bancamía, por ejemplo, cerró el 2013 con 567.000 clientes, con un incremento del 27 por ciento en la apertura del cuentas de ahorro frente al año anterior y un total de 187 oficinas por todo el país, y miles de corresponsales bancarios. El banco espera seguir creciendo, especialmente en el ámbito rural, donde ya tiene un 36 por ciento de su cartera.

Sin embargo, este crecimiento acelerado tiene asociados algunos riesgos. En primer lugar, la desvirtuación del microcrédito. Concebido como una forma de apoyar el desarrollo de actividades empresariales y de emprendimiento, la abundancia de oferta puede llevar a su utilización como créditos al consumo. Al tratarse de un sector de la población con inestabilidad en sus ingresos, el sobreendeudamiento resulta extremadamente peligroso. En la actualidad, las tasas de mora en el microcrédito, 7 por ciento, duplica la del crédito en general, 3 por ciento. Las elevadas tasas de interés generadas por los microcréditos agravan la situación (Bancamía cobra un 46 por ciento de interés). Por otro lado, existe el riesgo de que los bancos dedicados a los microcréditos empiecen a competir con los bancos convencionales por los sectores más bajos del crédito al consumo. Todo ello conlleva el abandono de los criterios de responsabilidad social a favor de las necesidades comerciales del momento.

Una forma efectiva de combatir estos problemas es la educación financiera: los propios bancos dedicados al microcrédito tienen programas de formación, pero no es suficiente. Las instituciones deben asegurarse de que los beneficiarios de posibles microcréditos conocen bien los riesgos y las dificultades que conllevan. En este sentido, la Cámara de Comercio de Bogotá ha lanzado el programa Soluciones Financieras, dedicado a pequeñas empresas y emprendedores, en el que se exploran las principales formas de encontrar financiación para la empresa, incluidos los microcréditos. Esta es la mejor forma de evitar que los micro créditos se conviertan en un problema generalizado en un futuro no muy lejano.