Protección de los Cerros Orientales: garantizando la sostenibilidad en Bogotá

Jorge Bela, Gestor Comunitario de Bogotá
Bogotá, 3 septiembre 2014

Los Cerros Orientales, de 56km de longitud, se extienden a lo largo del costado oriental de Bogotá, es decir, la totalidad del límite del término municipal. Sus picos superan los 3.800msnm, y albergan una gran cantidad de especies animales. Sin embargo, a lo largo de los siglos padecieron de la excesiva explotación maderera y de la existencia de canteras de las que se extraían los materiales de construcción para la capital de Colombia. A mediados del siglo XX estaban completamente deforestados.

Sin embargo, las enormes tasas de crecimiento que se produjeron a partir de ese momento y que aún se mantienen se convirtieron en la mayor amenaza para este espacio natural. Barrios enteros y autopistas circunvalares se construyeron en esas fechas sobre las faldas de los Cerros, a los que hay que sumar asentamientos informales, algunos en zonas de alto peligro por la inestabilidad del terreno. Quedaba claro que la supervivencia de los Cerros dependía de la protección legal.

La recuperación de los cerros comenzó en la década de los 60, cuando la Empresa del Acueducto de Bogotá compró grandes extensiones y las repobló con especies no autóctonas, como el eucalipto o el pino. La intención de estas medidas era proteger los acuíferos de la zona, y evitar la erosión. Aunque la introducción de especies no autóctonas es fuente de mucha controversia, estas repoblaciones fueron el primer paso, después de siglos de explotación, de recuperación de la zona.

En 1976 comenzó la protección legal, delimitando una zona como zona de reserva forestal, y declarándola como de interés general. En 1979 se prohibieron las canteras nuevas. Con estos dos importantes pasos comenzó un largo proceso regulatorio que ha culminado recientemente con una decisión del Consejo de Estado que marca los límites de la reserva forestal, y prohíbe que se autoricen nuevas licencia de construcción, aunque mantiene las ya vigentes. La zona protegida se estableció en 13.337 hectáreas, y 470 se asignaros para regularizar asentamientos informales.

Entre tanto, la falta de seguridad y los constantes asaltos alejaron a los ciudadanos del disfrute de los Cerros: Bogotá vivía completamente al margen de los mismos. La acción de grupos ciudadanos, en especial los Amigos de la Montaña, buscaron la recuperación de un espacio espectacular en una ciudad en la que existe un inmenso déficit de parques y zonas verdes. Los Amigos de la Montaña lograron que el Acueducto de Bogotá abriera al público un camino junto a uno de los ríos, la Quebrada de la Vieja. El camino está vigilado por la policía y recibe una gran cantidad de visitantes. Desde entonces se han abierto dos más, y se sigue buscando la forma de abrir nuevas vías.

Ya no existen canteras legales, aunque si se siguen explotando algunas de forma ilegal. Sin embargo, las canteras antiguas han dejado cicatrices en los Cerros. Una iniciativa interesante destinada a paliar los efectos de estas antiguas explotaciones es la acometida en la antigua mina Soratama, llevada a cabo por la Secretaria de Medio Ambiente y por la Universidad Nacional. Esta iniciativa incluye trabajos de recuperación y la creación de un aula educativa. El espacio, de 5.8 hectáreas, también incluye huertas comunitarias accesibles a los habitantes de la zona.

Permalink to this discussion: http://urb.im/c1409
Permalink to this post: http://urb.im/ca1409bts