Proyecto Hermes: combatiendo la violencia escolar

Jorge Bela, Gestor Comunitario de Bogotá
Bogotá, 18 junio 2015

En Bogotá el conflicto escolar ha llegado a alcanzar dimensiones preocupantes. En el año 2012 y la primera mitad del 2013 se detectaron 45 000 conflictos, que involucraron hasta 96 000 estudiantes. Estos casos, la mayoría de matoneo (o bullying) alcanzan su mayor gravedad en las edades de 12 y 13 años (hasta un 45 por ciento del total). El 61 por ciento se producen en las aulas, mientras que el 33 por ciento en el patio de recreo. Tan solo el 1 por ciento fuera del recinto escolar, aunque está creciendo muy rápidamente el número de casos realizados a través de las redes sociales. Quizá le prevalencia de la violencia en las aulas sea un reflejo de los elevados niveles de violencia que sufre el país en su conjunto.

La Cámara de Comercio de Bogotá lanzó en el año 1999 un innovador programa destinado a combatir el conflicto escolar, que en el año 2001 ya adquirió el nombre por el que se le conoce en la actualidad: Programa Hermes. El objetivo del programa es la reducción de la violencia buscando mecanismos alternativos a los métodos punitivos tradicionales que han demostrado ser poco efectivos. Para ello se ha buscado involucrar no solo a los alumnos, sino también a sus familias, a los educadores y a los funcionarios administrativos de los colegios que participan. Uno de los aspectos más innovadores del proyecto Hermes es alertar a los directivos y a los educadores de que ellos pueden ser también fuentes de conflicto, o causa de la agravación de los mismos. También se ha buscado dotar al proyecto de una estabilidad institucional y financiera que asegure su continuidad, pues un problema grave en este tipo de iniciativas es que no son sostenibles a medio y largo plazo, por lo que tampoco son efectivas.

El objetivo del proyecto es dotar a las entidades educativas de las herramientas y los conocimientos necesarios para combatir de forma autónoma el problema. El trabajo se estructura en varias fases: En la primera se realiza un diagnóstico y de apreciación de la realidad. En esta fase se abren espacios de reflexión por parte de todos los actores involucrados. La participación de los propios jóvenes en esta fase de diagnóstico es un componente esencial del programa. La siguiente fase es la de formación de docentes, a la que sigue la de formación de los propios estudiantes. Entre los jóvenes se forma un equipo de alumnos tutores que reciben formación específica por parte de la Cámara. La formación incluye la adquisición de habilidades sociales alternativas al uso de la violencia. Posteriormente se inician las fases de formación más especializada, en Métodos Alternos de Solución de Conflictos (MASC). Finalmente se lanza una fase de continuidad que establece las relaciones institucionales necesarias para la continuidad del programa.

Un total de 360 colegios de Bogotá ya se han vinculado al programa, que también incluye actividades adicionales como foros, flashmobs de concienciación, etc.

Foto: Comercio de Bogotá

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