Crimen y desigualdad en Caracas

Roberto Patiño, Gestor Comunitario de Caracas
Caracas, 28 agosto 2015

Más allá de las métricas de desigualdad de ingreso, los niveles de crimen en comunidades dicen mucho sobre los verdaderos niveles de desigualdad. Tomemos el Municipio Sucre de Caracas como un primer ejemplo. En dicho Municipio, 80 por ciento de los crímenes se concentran en cinco por ciento del territorio y, de acuerdo con la encuesta nacional de victimización, más del 80 por ciento de los crímenes en Venezuela son cometidos contra personas de ingresos muy bajos.

Como esto muestra, el crimen puede ser un síntoma y una causa de la desigualdad. Es una forma de exclusión que afecta desproporcionadamente a los pobres, creando un círculo vicioso.

Métodos tradicionales para reducir y prevenir el crimen involucran al Estado. Sin embargo, las comunidades tienen un rol clave para prevenir el crimen. Esto es particularmente importante en una ciudad como Caracas, que además de ser de las ciudades más violentas del mundo, se enmarca en altísimos niveles de impunidad. The Economist reporta que en 2014, más del 90 por ciento de los asesinatos en Venezuela quedan impunes.

Las comunidades pueden organizar mecanismos de control informal como alternativa a las acciones del gobierno. Deben fortalecer grupos y redes para identificar factores de riesgo locales para informar a los miembros de la comunidad en cómo pueden ser reducidos. Las organizaciones comunitarias pueden coordinar estrategias para reducir estos factores, tales como la organización de grupos de transporte hacia y desde el trabajo o la escuela, la creación de zonas de seguridad, ofreciendo actividades culturales o deportivas a los residentes, ofrecer sesiones de asesoramiento a las familias de las víctimas, y el intento de cambiar las reglas culturales sobre la violencia callejera y doméstica.

La evidencia ha demostrado consistentemente que pocos victimarios cometen la gran mayoría de los delitos. Por lo tanto, estas iniciativas deben ser dirigidos a las personas en mayor riesgo de convertirse en víctimas o victimarios, sobre todo a los jóvenes propensos a ser reclutados por pandillas locales.

Existen algunas de estas ideas que son puestas en práctica en Caracas. Por ejemplo, Caracas Mi Convive, es una ONG local que ha estado apoyando a líderes de la comunidad en las zonas más violentas de la ciudad para aumentar su capacidad de liderazgo, utilizando la teoría de "Liderazgo adaptativo" creada por el profesor de Harvard Ronald Heifetz, que hace hincapié en la importancia de involucrar todas las perspectivas de todos los interesados. Por otra parte, la organización se ha comprometido a trabajar específicamente en la reducción de la violencia y la prevención, mediante la activación de las comunidades con los eventos culturales y deportivos que están vinculados a hitos importantes tales como "día del niño", o fiestas nacionales. En estos eventos, uno de los momentos más importantes es compartir el almuerzo alrededor de un típico "Sancocho" (sopa venezolana) que proporciona el momento perfecto y el espacio para participar en conversaciones acerca de cómo prevenir la violencia. Otro caso interesante sucedió en "Catuche", una comunidad donde las madres de víctimas y de pandillas opuestas se organizaron para forzar un tratado de paz entre sus hijos, parando los tiroteos en la comunidad.

Sin embargo, es importante destacar que soluciones duraderas y sostenibles deben involucrar también al Estado. Estas organizaciones centradas en la comunidad pueden servir como enlace con las autoridades locales o como grupos de presión para exigir la acción del gobierno. Cuando exista una relación de confianza con la policía y / o el gobierno local, los líderes de la comunidad pueden ayudar a diseñar estrategias de prevención, proporcionar información para identificar las zonas peligrosas y para resolver crímenes, y establecer un canal para denunciar delitos como la violencia doméstica. La creación de confianza entre los líderes de la comunidad y los departamentos de policía es un reto, dada la historia de abusos que la mayoría de las comunidades han experimentado.

El crimen exacerba la desigualdad. Genera segregación, miedo y limita nuestra capacidad de confiar en los demás. Si el objetivo es tener ciudades inclusivas y justas, la reducción, prevención y el control del crimen debe ser de la más alta prioridad.

Foto: United Youth Journalists.

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