Viviendas mejoran la calidad de vida de los habitantes marginados

María Fernanda Carvallo, Gestor Comunitario de Mexico D.F.
Mexico D.F., 13 octubre 2015

"Lo que no se mide no se puede mejorar", Lord Kelvin. Esta frase en política social es un parteaguas en el cambio de calidad de vida de las personas beneficiadas por proyectos sociales. El hecho que los proyectos tengan un marco de medición, responde a la necesidad de identificar si los proyectos están constituidos por un diseño que responde a las necesidades reales de la población en condiciones de pobreza y vulnerabilidad.

En este sentido, el Abdul Latif Jameel Poverty Action Lab (J-PAL) de Massachusetts Institute of Technology, surgió en 2003 como una red de profesores afiliados de todo el mundo (que hoy en día cuenta con 127 miembros). Su misión es reducir la pobreza garantizando que las políticas públicas estén informadas por evidencia científica, y que la evidencia se traduzca en acción. Realiza evaluaciones aleatorias del impacto para probar y mejorar la eficacia de los programas; y hace análisis de costo-efectividad trabajando con gobiernos, ONGs, y organizaciones internacionales de desarrollo.

En este sentido, J-PAL junto con the Economic and Social Research Counsel (el Consejo de Investigación Económico y Social – ESRC, el Consejo Económico y de investigación Social (ESRC), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), TECHO, Banco Mundial y la Iniciativa Internacional para The International Initiative for Impact Evaluation (la Initiativa Internaciónal de Evaluación del Impacto ); realizaron la investigación "Mejorando las viviendas de los habitantes de zonas marginales", la cual evalúa el impacto del proyecto de mejoramiento de viviendas en tres países, Salvador, México y Uruguay.

La evaluación del impacto tiene como objetivo medir el éxito del programa de mejoramiento de vivienda, de manera que permita eliminar las intervenciones menos eficaces y mejorar los programas existentes.
La intervención social de TECHO se divide en tres fases, primeramente con la inserción en asentamientos de pobreza extrema para realizar un diagnóstico sobre la vulnerabilidad en contexto y promover liderazgos locales. Posteriormente, a través de mesas de trabajo con la comunidad, se implementan y gestionan soluciones sobre viviendas, educación, y trabajo, así como la instalación de viviendas de emergencia. Por último, se promueve la implementación de soluciones definitivas, como la regularización de la propiedad, servicios básicos, infraestructura comunitaria, y desarrollo local.

Dentro de la categoría de mejoramiento de la vivienda de TECHO se encuentra la construcción e infraestructura; la cual, en 2014 generó cambios en la comunidad de Tizilingo, en la Delegación Xochimilco. Esta localidad surgió por migrantes del campo que se establecieron en la cima de uno de los cerros de Xochimilco, en donde la habitalidad se encuentra en condiciones precarias, por carencia de acceso a agua potable, servicios de recolección de basura, seguridad, y servicios básicos. En este sentido, la intervención de TECHO en conjunto con la comunidad, ha delineado proyectos del plan de trabajo para la localidad.

Como resultado de la investigación, la dirección social de TECHO para Latinoamérica declaró que es la primera vez desde hace 16 años que se tiene evidencia científica de que el modelo de trabajo tiene un impacto positivo en la calidad de vida de los pobladores de asentamientos marginados que obtienen viviendas de emergencia. Se puede entender este impacto con respecto a los niveles de satisfacción de los usuarios sobre la calidad de vida y su percepción de su seguridad y acceso a bienes.

A través de esta investigación, J-PAL y sus socios obtuvieron información para identificar qué es lo que realmente ayuda a las personas en condiciones de pobreza y vulnerabilidad, y lo qué no los ayuda, bajo un sistema de intervención en construcción de viviendas e infraestructura.

Photo: Agência Brasília