Conectar barrios periféricos de la zona nororiental al centro de la ciudad

Lou D'Angelo, Gestor Comunitario de Medellin
Medellin, 30 novembre 2015

En Medellín, los asentamientos se han expandido en las laderas mientras personas desplazadas por el conflicto armado o en busca de oportunidades económicas llegaban a la ciudad. Espacios de carencias, de pobreza y de violencia, estos barrios autoconstruidos han sufrido de la falta de planificación urbana e inversión estatal. En la zona nororiental, en las partes altas de la comuna 8, o en barrios fuera de los límites estrictos de la ciudad como El Faro, las casas fueron construidas con materiales precarios, muchos no tienen acceso a los servicios públicos domiciliarios, y la movilidad es difícil.

Desde la elección del alcalde Fajardo en 2004, la ciudad implementó políticas publicas apuntando a reducir la profunda "deuda social" que la administración había acumulada con los sectores olvidados, sobre todo las laderas. En el marco de estas políticas, conocidas como "urbanismo social," el Proyecto Urbano Integral de la zona nororiental de Medellín apunta a integrar mejor estos barrios a la ciudad formal, gracias a un "corredor verde": un tranvía y dos metrocables, que conectan esos barrios informales con el centro de la ciudad.

En Medellín, la movilidad está considerada una política social clave. La ciudad fue electa "la ciudad más innovadora del mundo" por el metrocable y las escaleras eléctricas de la comuna 13 (en aquel momento la parte más peligrosa de la ciudad). El transporte ayuda a aumentar no sólo la accesibilidad, sino también la visibilidad de los residentes y sus asentamientos, y permite que sientan que forman parte de la ciudad. El Proyecto Urbano Integral de la zona nororiental incluye también obras como mejoramiento de vivienda y del espacio público, por lo cual se quiere mediante este proyecto mejorar la integración social, las condiciones económicas y la seguridad en estos barrios.

Más allá de los objetivos sociales, el “corredor verde” se puede relacionar también a al recién interés en el potencial turístico de las montañas, ya que el corredor permitirá conectar el centro de la ciudad al Cinturón Verde Metropolitano, un proyecto en fase de construcción. Este megaproyecto apunta a contener la expansión urbana para preservar los ecosistemas, pero también a crear nuevos espacios públicos para la recreación. Se requiere entonces transformar estas zonas marginalizadas. Mientras muchas familias benefician del proyecto de Cinturón Verde – renuevan las casas, dan empleos en construcción y una ayuda financiera a las huertas comunitarias, y los vendedores ambulantes van a beneficiar del turismo - otras familias van a ser desalojadas por las obras o para recuperar las laderas. Muchos habitantes ya han sido desplazados por el conflicto urbano y construyeron sus casas con sus propios manos, con esperanza de empezar una nueva vida en la ciudad. Ahora tienen un sentido de arraigo por el territorio donde desarrollaron sus tejidos sociales y económicos, y así se oponen a los desalojos y reasentamientos en torres impersonales construidas por la ciudad. Además, la mayoría de los desalojos son motivados por la ubicación de viviendas en “zonas de alto riesgo” (deslizamientos ocurren con frecuencia en las laderas), y bajo este estigma no pudieron acceder a servicios públicos domiciliarios. Sin embargo, en las mismas zonas se construirán las megaobras vinculadas al Cinturón Verde Metropolitano, por ejemplo un monorriel.

Así se empezó una disputa territorial por estos terrenos. El proyecto urbano integral refleja el cambio de modelo de ciudad – del abandono estatal a la “hyperintervención” - y la internacionalización de la ciudad: financiado por fundos internacionales (el sistema de transporte es financiado por la Agencia Francesa para el Desarrollo), apunta también a responder a estándares internacionales, como las recomendaciones del banco mundial sobre el espacio público/habitante. Aunque las comunidades no se oponen al desarrollo y a la internacionalización, y afirman que la inversión es necesaria en este territorio, quieren recibir reconocimiento por la construcción social del hábitat y participar en la transformación. Algunos critican el riesgo de gentrificación, y organizaciones locales como la Mesa Interbarrial denuncian la falta de concertación con las comunidades en el diseño de los proyectos, y el aspecto demagogo del proceso de participación. Estas comunidades requieren otros tipos de intervención – por ejemplo, un mejor acceso a la educación y a los servicios públicos domiciliarios, y quieren que se les escuche.

Fotos: Jorge Gobbi

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