Mejorando el transporte público en Bogotá: vuelta al comienzo

Jorge Bela, Gestor Comunitario de Bogotá
Bogotá, 20 enero 2016

Un una ciudad altamente segregada geográficamente, como es Bogotá, la creación de un sistema bien diseñado de transporte puede contribuir a reducir la desigualdad y la pobreza, especialmente si está enfocado a atender las necesidades de los colectivos más desfavorecidos. Un buen sistema de transporte público también mejora la eficiencia de la economía urbana, lo que a su vez redunda en un incremento global de las rentas. A menudo las poblaciones mas vulnerables viven en las zonas menos accesibles de las ciudades, pues también son las menos costosas.

Uno de los problemas más graves de Bogotá es, precisamente, el transporte público. 2015 va a ser un año crucial en la definición de las soluciones que se adoptarán a medio y largo plazo en este ámbito. Tras cincuenta años de debate y proyectos fallidos, la capital de Colombia aún carece de un metro. El Transmilenio, que tras su puesta en funcionamiento se consideró como un modelo de BRT exitoso, tras años de falta de inversión, graves escándalos de corrupción y un retraso considerable en sus planes de expansión, opera al máximo de su capacidad y tiene un alcance claramente insuficiente. Las busetas tradicionales siguen funcionando en muchas calles y avenidas, agravando el caos circulatorio y contaminando gravemente con sus motores diésel ineficientes. Los buses que deberían sustituirlos son todavía insuficientes, y problemas en el diseño de las rutas, o el propio desconocimiento del sistema por gran parte de los usuarios hace un a menudo vayan vacíos, mientras las busetas continúan llenas.

La administración de Gustavo Petro, que terminó el 1 de enero de este año, dejó listos los proyectos para la primera línea de metro, incluso llegó a un acuerdo de financiación con la adminstración central. Sin embargo, el nuevo alcalde, Enrique Peñalosa ha rechazado el proyecto. Aunque defiende la necesidad de construir al menos una línea de metro, considera que el proyecto actual, que contempla que toda la línea sea subterránea, es demasiado costoso Además, tampoco considera que el modelo de financiación acordado sea aceptable, pues cualquier sobrecosto debe ser asumido por el municipio, y no por el gobierno central. Por todo ello ha pedido que sea realicen nuevos estudios, pero esta vez para la construcción de una línea elevada, y por una ruta diferente a la contemplada en el proyecto actual. Aunque los críticos señalan que estos cambios retrasarán de forma indefinida la construcción de la infraestructura, la administración de Peñalosa se ha comprometido a tener el nuevo proyecto listo en un plazo de seis meses.

Peñalosa fue el alcalde que lanzó el Transmilenio en 1998 (entró en funcionamiento en el años 2000). En ese momento también rechazó un proyecto de metro que estaba en marcha. Su decisión se consideró exitosa, por la rapidez y el bajo coste con el que se ejecutaron las obras. Desde entonces, Peñalosa ha venido sosteniendo que el Transmilenio es capaz de dar un servicio equivalente al del metro, y que las insuficiencias que ha demostrado en Bogotá se han debido a los problemas de ejecución por parta de las tres ultimas administraciones.

Los problemas de transporte público están agravando los problemas de segregación social y de pobreza en Bogotá. También están limitando el crecimiento económico de la ciudad. Mientras los planes de un metro subterráneo son abandonados una vez más, los próximos meses serán claves en el desarrollo de nuevos planes. Quizás sea este el reto más urgente para Peñalosa en el 2016.

Foto: Jorge Bela

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