Manteniendo las tradiciones culturales de las comunidades afrodescendientes en Bogotá

Jorge Bela, Gestor Comunitario de Bogotá
Bogotá, 25 marzo 2016

Los conflictos armados y la pobreza han forzado el desplazamiento de cientos de miles de afrodescendientes en Colombia. Aunque los últimos datos censales, de 2005 indican que en Bogotá hay 100.000 afrocolombianos, según las organizaciones comunitarias la cifra actualmente supera con creces los 500.000. El 29% de esta población nació en la capital mientras el 17% provino del Chocó. El 54% restante proviene de otras regiones del país, incluyendo el Caribe y la zona del Valle del Cauca. Dentro de Bogotá se ubican principalmente en las localidades con mayor segregación socioeconómica: Bosa, Ciudad Bolívar, Usme, y Rafael Uribe Uribe.

Esta población se encuentra en una situación claramente desfavorecida en el contexto social colombiano. Según datos de DNP, el 75% de los afrocolombianos recibe menos del salario mínimo legal, al tiempo que su esperanza de vida es un 20% inferior a la media nacional. Aproximadamente, 85% de este colectivo vive en condiciones de pobreza y marginalidad, sin acceso a muchos de los servicios públicos básicos, incluyendo la educación. En la zona del Chocó solo 2 de cada 100 estudiantes afrodescendientes que terminan la secundaria ingresan a la educación superior.

La situación de desventaja socioeconómica que se detecta en sus lugares de origen se perpetua tras su llegada a Bogotá, donde encuentran grandes dificultades para romper los círculos de pobreza. Tampoco logran escapar del todo a la violencia, y en el 2015 se detectó un repunte de los ataques dirigidos específicamente a este colectivo. A la violencia común que existe en las comunidades más pobres de Bogotá, como San Cristóbal, Kennedy, Usme, Suba y Rafael Uribe Uribe, hay que añadir ataques motivados por el racismo.

Otro problema al que se enfrenta esta población es la pérdida de su identidad cultural, que queda diluida en la inmensidad de la capital de Colombia. Precisamente para combatir este último problema se creó en 1978, bajo la iniciativa de Esperanza Bioho Perea, la Fundación Cultural Colombia Negra. El objetivo principal de la fundación es mantener la identidad cultural de las comunidades afrodescendientes, utilizando la cultura como una forma de apoderamiento frente a las amenazas que sobre ella se ciernen. Entre sus iniciativas destaca la creación de la Academia de Danza y Percusión Colombia Negra (Escuela Taller Batata). Desde que abrió sus puertas en 1983, más de 1300 personas, incluyendo niños, se han beneficiado de sus programas educativos. En la escuela se imparten talleres de ritmos juveniles, ruedas de tambor, percusión y afro danzas, entre otros. También hay un taller de iniciación destinado exclusivamente a los niños.

Además de las acciones formativas, desde la Fundación se patrocina un grupo de música afrocolombiana, Grupo Musical Colombia Negra, así como un grupo de danza y música llamado Compañía Artística Colombiana. También se ha lanzado una iniciativa de sensibilización en contra del racismo, Vacuna Contra el racismo, y una publicación periódica dedicada a los problemas del colectivo: La Griot.

El mantenimiento de la identidad cultural, como forma de empoderamiento de la comunidad, es solo un pequeño paso en defensa de las comunidades afrodescendientes en Bogotá. La resolución de los problemas de fondo exigirá medidas más vigorosas por parte tanto de las instituciones públicas como de los gobiernos locales y nacional.

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