Ciudad Paz: el modelo de expansión de Bogotá en su búsqueda por reducir el déficit de vivienda

Jorge Bela, Gestor Comunitario de Bogotá
Bogotá, 8 septembre 2016

El modelo de expansión territorial, estrechamente vinculado a la solución de los problemas causados por el déficit de viviendas, es una de las cuestiones centrales a las que se enfrentan las ciudades. En Bogotá la administración de Gustavo Petro apostó por una redensinficación del centro, permitiendo la construcción en gran altura, y limitando estrictamente el crecimiento por las zonas periféricas. La nueva administración de Enrique Peñalosa ha dado un giro completo a esta estrategia, y apuesta por el crecimiento ordenado por la periferia, especialmente en el norte, al tiempo que ha limitado fuertemente la posibilidad de construir edificios de gran altura en el centro tradicional de la capital de Colombia.

De hecho, la canalización y limpieza del río Bogotá, como un primer paso para convertirlo en el eje central del crecimiento urbano de las próximas décadas es quizá el proyecto más ambicioso de los emprendidos por el nuevo alcalde. Es en este contexto en el que se integra la propuesta de construir la Ciudad Paz, un ambicioso proyecto que incluiría 300000 viviendas una vez concluido – en 30 años-- y que ocuparía un total de 15000 hectáreas en el norte y el oriente de la capital. Un total de entre 1.4 y 1.8 millones de personas ocuparían este nuevo barrio. Peñalosa defiende el macro proyecto argumentando la necesidad de que la ciudad crezca de forma ordenada, y sin incrementar su densidad, que con 200 habitantes por hectárea está entre las más elevadas de América Latina.

Sin embargo, el proyecto se extenderá nada menos que sobre los terrenos que la alcaldía de Petro designó como protegidos ecológicamente, y que se conocen como la Reserva Thomas Van der Hammen . 1300 de las 1400 hectáreas que constituyen esta reserva se verían afectadas por los nuevos desarrollos. La propuesta lógicamente ha hecho saltar todas las alarmas entre los movimientos ecologistas, que exigen la protección total de la reserva. La administración ha reaccionado afirmando que el proyecto será sumamente respetuoso con el medio ambiente, y que permitirá la unión, mediante corredores ecológicos, de la zona del río Bogotá con los Cerros Orientales, actualmente segregados por infraestructuras como la Autopista Norte.

Pero más allá de las críticas ecologistas, y de la necesidad de proteger el frágil ecosistema de la sabana de Bogotá, la ampliación en tal escala de la ciudad suscita muchas dudas en un contexto como el de Colombia. Mosquera, una ciudad limítrofe que se vería afectada por el nuevo desarrollo, ya ha dicho que no desea construir nuevas viviendas, y que no participará en el proyecto hasta que no se resuelvan cuestiones como la construcción de las infraestructuras necesarias. Soacha, una ciudad conurbada en el sur, es un ejemplo de los retos que un crecimiento demasiado rápido puede genera.

La expansión por el norte generaría una sustancial necesidad de infraestructuras, como por ejemplo en transporte. No olvidemos que Bogotá ya sufre un déficit crónico en este sentido, y es la única gran capital de la región que carece de un sistema de metro. Quizá la postura de Mosquera sea la más prudente: primero resolver los problemas de los servicios necesarios, y luego empezar la construcción masiva de vivienda.
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Foto: Jorge Bela

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