Huertas urbanas en Medellin

Lou D'Angelo, Gestor Comunitario de Medellín

Mientras se celebra la COP21 en Paris, las ciudades de todo el mundo buscan soluciones innovadoras para enfrentar el cambio climático. El acuerdo internacional esperado es crucial, pero más allá de las políticas estatales, hay que reconocer la importancia de las pequeñas iniciativas de la sociedad civil al nivel local.

Lamentablemente, a veces los movimientos ecologistas están percibidos como algo de ricos, y las soluciones que llevan al nivel local pueden ser vistas como “comportamientos hípsters”, como comprar comida orgánica y muy cara, o andar en bicicleta eléctrica. Sin embargo, las iniciativas ecologistas no son sólo de los ricos y para los ricos, y hay que promover las iniciativas que enfrentan simultáneamente los dos desafíos mayores que las ciudades encaran hoy en día: el cambio climático y la pobreza urbana. Las huertas urbanas son una de estas iniciativas.

El cultivo de frutas y vegetales en la ciudad permite reducir el efecto “isla de calor urbana”, y participa en reducir el transporte, embalaje y refrigeración de la comida. Así, está reconocido como una solución para enfrentar el cambio climático al nivel local. En el caso de Medellín, varios proyectos de agricultura urbana benefician a los pobres: así, una misma solución resuelve problemáticas sociales y ambientes.

En Pinares de Oriente, un barrio en la periferia de la ciudad, uno se siente a la vez en la ciudad y en el campo. En la ciudad, porque el barrio sólo está a 20 minutos del centro por bus. En el campo, porque muchos habitantes de Pinares de Oriente son campesinos, desplazados por el conflicto armado, y llevaron a Medellín sus tradiciones campesinas. Así, la idea de hacer huertas comunitarias surgió naturalmente. La iniciativa comunitaria fue luego apoyada por ONG, universidades y después por el gobierno local, en el marco del proyecto de Cinturón Verde.

Obviamente, la idea surgió por razones económicas: las huertas apuntan a mejorar la seguridad alimentaria en el barrio. Según un estudio de 2010, 56,9% de las familias tienen problemas de seguridad alimentaria en Medellín: en Pinares de Oriente, las huertas alimentan directamente las familias que las cuidan, y la venta de excedentes puede generar ingresos. Más allá de la necesidad económica, también permite que los habitantes preserven su identidad y sus tradiciones, y muchos piensan que “humaniza” la ciudad, que describen como "una jungla de asfalto." "Las huertas son refugios en el medio del caos urbano, le devuelve un poco de vida a la ciudad," declaró un huertero. Los habitantes muestran que algunas actividades rurales – como la agricultura – también encuentran su lugar en la ciudad: "Nos quieren urbanizar, nosotros queremos ruralizar la ciudad." Condenan la baja calidad de la producción industrial a gran escala, que usa productos químicos, y afirman que una alternativa más incluyente y más cuidadosa de la Pachamama es posible.

Las huertas de Pinares de Oriente fueron posibles gracias al espacio disponible, dado que el barrio está ubicado en la periferia urbana. Hoy, Medellín se vuelve más densa, y quedan pocos espacios disponibles. Como dijo un líder comunitario, criticando la verticalización de la ciudad "¡Medellín crece hacia arriba, y no podemos sembrar en el aire!." Como podríamos adaptar el sistema de huertas comunitarias a un centro urbano denso?

La Ciudad Verde, un "think-do tank" sobre sostenibilidad urbana, respondió a este reto con un proyecto de huertas acuaponicas en techos. ¿Acuaponía? Es un sistema que combina la acuicultura (cría de animales acuáticos) con la hidroponía (cultivo de plantas en agua). De manera esquemática, pones una huerta encima de un acuario. ¿Por qué? Porque los peces y las plantas crean un ecosistema: las excreciones de los peces sirven de nutrientes para las plantas, que purifican el agua de los peces. Más allá de todos los beneficios de la agricultura urbana que ya mencioné, la acuaponía permite reducir el uso de agua, puesto que es un sistema cerrado – el agua se recicla de manera natural, así no hay que cambiar el agua. Este proyecto tiene también un propósito social, ya que apunta a dar empleos a campesinos desplazados y proporcionar alimentos más baratos a la población pobre. Localizados en techos, estas huertas revalorizan también un espacio sub-utilizado. Hasta ahora, sólo proyectos pilotos han sido realizados, pero la organización planea realizar su primera huerta acuaponica en el techo de teatro Pablo Tobón Uribe.

Estos ejemplos muestran que el éxito de una política pública medioambiental reside en la inclusión de metas sociales, una idea que ha sido bien comprendida por la sociedad civil en Medellín, como lo pudimos ver con estas iniciativas socialmente incluyentes y beneficiosas para el medio ambiente.

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