Reforestando las ciudades: ventajas y retos

Quizá el beneficio más obvio de los bosques urbanos y periurbanos sea su inmenso aporte estético y recreativo: los parques son los pulmones, el jardín de juegos, incluso el alma de las grandes ciudades de los países más desarrollados. Sin embargo, estas no son sus únicas ventajas, sobre todo a nivel global. En muchos casos su mantenimiento y revitalización son cruciales para garantizar el suministro de agua, incluso ayudar a proveer de combustibles básicos, y mantener el equilibrio ecológico en amplias regiones periurbanas. Con estas ideas comenzó su presentación Fabio Salbitano, de la Universidad de Florencia, en el panel sobre Ciudades Verdes en el WUF7. Pero la creación de áreas verdes no se da por casualidad, añadió, debe ser parte integral de los procesos de decisión, en un modelo de planeamiento que deje de estar centrado en las ciudades y pasar a tener un carácter sistémico y protector del medio ambiente.

Andrew Rudd (UN-HABITAT) retomó esta última idea, enfatizando la necesidad imperiosa de integrar los espacios verdes en las plantas de las ciudades. En una fascinante presentación nos mostró la planta de varias ciudades con poblaciones similares pero con una morfología completamente diferente. Las herramientas modernas de GIS permiten la creación de una hoja de ruta espacial mediante la identificación de las áreas de la ciudad donde tiene un mayor sentido el desarrollo urbano, y cuáles son las zonas verdes que es preferible conservar.

Germán Tovar Corzo, de la Secretario de Medio Ambiente de Bogotá, nos recordó la importancia y las dificultades políticas que conlleva el profundizar en un modelo de desarrollo urbano más acorde con el medio ambiente, y con un menor impacto en el cambio climático. Hizo una presentación en detalle del estado de la selvicultura en Bogotá, una ciudad que por su pluviosidad y su clima es idónea para el desarrollo de ejemplares de amplio porte. En Bogotá hay un censo exhaustivo y geo referenciado. Del análisis de estos datos se desprende una conclusión descorazonadora: la desigualdad también se plasma en este aspecto: aunque la media por habitante es elevada, los árboles se concentran en el 2,47% del suelo, la mayoría de ellos en las zonas con mayores recursos económicos.

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